MIS RELATOS Toda la verdad sobre puertas y portazos. Antonio Rodríguez Dosantos

puerta.jpg (2527 bytes)Toda la verdad sobre puertas y portazos

 

Un día normal amanece y mi cama se despierta mitad fría y plana, mitad retorcida, torturada y llena de añoranzas. Recuerdo cuando la cama ardía de vida en movimiento, cuando enlazados nuestros cuerpos, vestidos de sudor y agotados, nos sumergíamos en mundos donde los sueños sólo eran otra forma de conciencia, tan reales como un abrazo, tan ciertos como un beso. Recuerdo el frío de la calle, el calor de la estufa de queroseno. Y cómo en los cristales traslúcidos de las ventanas, mitad por el vaho y mitad por el polvo acumulado durante decenios, escribimos nuestros nombres ligados por algo parecido a un corazón.

Y mis recuerdos retrocedieron aún más en el tiempo, cuando pensaste que era un príncipe azul, aunque sólo era un repartidor de furgoneta. Tal vez no tenía la capa ni la espada, tal vez me faltaba el caballo blanco y el traje de raso; pero quizás descubriste en mis ojos un brillo especial, distinto al del resto de hombres que habías conocido. O quizás yo te miré de forma distinta a como te habían visto; te miré como se mira a una persona, en un mundo donde la carne humana es sólo una mercancía. Tal vez por eso no me faltó arrojo cuando te ayudé a escapar de aquella cruel mazmorra llamada “Castillo Azul”, el más famoso prostíbulo de la comarca, donde te tenían prisionera. Rompimos puertas pintadas de colorines; pero protegidas con espinos y navajas. Puertas y portones que sólo se abren con la llave del dinero. Puertas de falso lujo que ocultaban miserias ciertas. Te trajeron engañada para trabajar de camarera y terminaste siendo esclava de una banda de proxenetas. Un mes en un tugurio, al otro en un club, al otro en cualquier otro sitio donde sacar beneficio a tu cuerpo.

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